Incendios forestales: una amenaza para la vida y el territorio. Claves geográficas desde el dominio mediterráneo al dominio atlántico
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Cada verano, los grandes incendios forestales vuelven a ocupar un lugar destacado en la actualidad. Miles de hectáreas quemadas, evacuaciones o confinamientos de la población, pérdidas económicas y graves daños sobre los ecosistemas convierten estos episodios en uno de los principales desafíos ambientales y territoriales del siglo XXI. No obstante, explicar los incendios únicamente como consecuencia del cambio climático supone una visión incompleta. La Geografía demuestra que el riesgo de incendio surge de la interacción entre factores naturales y humanos: clima, vegetación, relieve, usos del suelo y formas de ocupación del territorio. Comprender estas relaciones resulta esencial para desarrollar estrategias eficaces de prevención, gestión forestal y adaptación.
El dominio mediterráneo: un territorio condicionado por el fuego
El clima mediterráneo presenta una marcada estacionalidad, con inviernos suaves y relativamente húmedos frente a veranos largos, cálidos y secos. Esta característica provoca durante varios meses una importante pérdida de humedad en la vegetación, que se convierte en un combustible fácilmente inflamable.
El fuego forma parte del funcionamiento natural de numerosos ecosistemas mediterráneos. A lo largo de miles de años, algunas especies han desarrollado mecanismos de adaptación que favorecen su supervivencia después de los incendios. Determinados pinos, por ejemplo, conservan semillas protegidas en piñas serótinas que pueden abrirse tras la exposición a altas temperaturas, mientras que diversas especies arbustivas tienen capacidad de rebrote después del fuego.
No obstante, los incendios actuales presentan una dinámica diferente a la histórica. El abandono de actividades tradicionales como el pastoreo o determinados aprovechamientos forestales ha favorecido la acumulación de biomasa, aumentando la continuidad del combustible. Además, la expansión de viviendas e infraestructuras en zonas próximas al monte ha incrementado la vulnerabilidad de la población.
Según el IPCC (2023), el calentamiento global está favoreciendo un aumento de las condiciones meteorológicas propicias para incendios extremos, especialmente en regiones con clima mediterráneo. El incremento de temperaturas, las olas de calor y la reducción de la humedad del suelo contribuyen a prolongar la temporada de riesgo y favorecen incendios más intensos y extensos.
Un mismo clima, cinco regiones del planeta
El dominio mediterráneo ocupa aproximadamente el 2 % de la superficie terrestre emergida, pero concentra cerca del 20 % de la flora vascular mundial, razón por la que las regiones mediterráneas están consideradas uno de los principales puntos calientes de biodiversidad del planeta (Myers et al., 2000). Se localiza en cinco grandes áreas: la cuenca mediterránea, California, Chile central, el suroeste de Australia y la región del Cabo sudafricana.
Todas comparten una combinación climática semejante: precipitaciones concentradas en la estación fría, sequía estival prolongada y vegetación adaptada a la escasez de agua. Estas condiciones generan paisajes donde, durante los meses secos, existe una elevada disponibilidad de combustible vegetal.
California constituye uno de los ejemplos más conocidos. A la sequedad estival se unen los vientos de Santa Ana, cálidos y muy secos, que favorecen una rápida propagación del fuego. Situaciones similares aparecen en Chile central o Australia occidental, donde la combinación de sequías, olas de calor y fuertes vientos incrementa la probabilidad de incendios de gran magnitud.
El territorio también explica los incendios
Aunque el clima configura el riesgo potencial y la meteorología condiciona el comportamiento del fuego en cada episodio, la aparición y evolución de un incendio dependen también de la vegetación, el relieve, los usos del suelo y la acción humana. Son un fenómeno geográfico multicausal, resultado de la interacción entre factores naturales y humanos.
Según la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, más del 95 % de los incendios forestales de causa conocida en España tienen origen humano, principalmente por negligencias, accidentes o acciones intencionadas. No obstante, la causa de ignición no determina por sí sola la magnitud del incendio, ya que su propagación depende de la disponibilidad de combustible, la topografía y las condiciones meteorológicas existentes durante su desarrollo. Ministerio de Transición Ecológica
La transformación del medio rural en las últimas décadas ha generado nuevos escenarios de riesgo. El abandono de usos tradicionales ha favorecido la expansión de matorrales y masas forestales densas, mientras que la ocupación residencial de áreas próximas al bosque —la denominada interfaz urbano-forestal— aumenta la exposición de la población y dificulta las labores de extinción.
El dominio atlántico: otro régimen de incendios
La presencia de incendios frecuentes en territorios del norte peninsular, como Galicia, Asturias o Cantabria, puede parecer contradictoria debido a su pertenencia al dominio atlántico, caracterizado por mayores precipitaciones y temperaturas más moderadas. Sin embargo, estos territorios responden a un régimen de incendios diferente.
En el ámbito atlántico, los incendios no suelen estar asociados a una sequía estival prolongada como ocurre en el Mediterráneo. Su aparición se relaciona con periodos concretos de baja humedad, ausencia de precipitaciones y episodios de viento seco del sur, capaces de reducir rápidamente la humedad de la vegetación.
Además, el fuego ha tenido históricamente una relación estrecha con determinados usos agroganaderos, especialmente con la regeneración de pastos. Cuando estas prácticas coinciden con condiciones meteorológicas desfavorables, pueden originarse incendios forestales de rápida propagación.
Por ello, mientras que en el dominio mediterráneo predomina un elevado riesgo climático durante el verano, en el dominio atlántico adquieren mayor importancia la gestión del territorio, las actividades rurales y determinados episodios meteorológicos.
El cambio climático como amplificador del riesgo
Los incendios forestales existían antes del actual calentamiento global. El cambio climático no crea el fuego, pero modifica las condiciones en las que este se desarrolla. El aumento de temperaturas, la mayor frecuencia de olas de calor y la disminución de la humedad disponible favorecen incendios más rápidos, intensos y extensos.
Los estudios recientes de atribución climática muestran que el calentamiento provocado por las actividades humanas está aumentando la probabilidad de episodios meteorológicos extremos favorables para grandes incendios en regiones mediterráneas. Además, determinados años con abundante crecimiento vegetal seguido de periodos cálidos y secos pueden generar una combinación especialmente peligrosa: más combustible disponible y condiciones atmosféricas extremas.
Los sistemas europeos de seguimiento, como EFFIS (European Forest Fire Information System), muestran una creciente variabilidad de las campañas de incendios y una mayor presencia de episodios severos asociados a condiciones meteorológicas extremas.
Comprender la Geografía para prevenir
Los grandes incendios de España, Portugal, Turquía, Grecia, Francia, California o Australia no son fenómenos aislados. Responden a una misma lógica territorial basada en la interacción entre el clima, la meteorología, la vegetación, el relieve y la acción humana.
Por ello, reducir los incendios únicamente al cambio climático supone simplificar un problema complejo tomando una parte por el todo. La prevención requiere combinar gestión forestal y mantenimiento de equipos de conservación y extinción, planificación territorial, regulación del uso público, recuperación de prácticas compatibles con la conservación y el desarrollo local sostenible, ordenación de la interfaz urbano-forestal y educación ambiental.
La Geografía aporta una visión integradora al analizar cómo interactúan clima, relieve, seres vivos y sociedad. Solo mediante esta comprensión territorial será posible avanzar hacia paisajes más resilientes y proteger no solo los ecosistemas, sino también la vida, el patrimonio natural y el bienestar de las generaciones futuras.
Bibliografía básica
- Agencia Europea de Medio Ambiente. (2024). Climate change impacts in Europe. https://www.eea.europa.eu
- Copernicus Emergency Management Service. European Forest Fire Information System (EFFIS). https://effis.emergency.copernicus.eu/
- Intergovernmental Panel on Climate Change. (2023). Climate Change 2023: Synthesis Report. https://www.ipcc.ch/report/ar6/syr/
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Estadística General de Incendios Forestales (EGIF). https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/temas/incendios-forestales/estadisticas-datos.html
- Myers, N., Mittermeier, R. A., Mittermeier, C. G., da Fonseca, G. A. B., y Kent, J. (2000). Biodiversity hotspots for conservation priorities. Nature, 403, 853–858.
https://doi.org/10.1038/35002501
ISSN 2792-1859
Burgos, España