José Ortega y Gasset, un filósofo para nuestra circunstancia histórica
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Retrato de José Ortega y Gasset por Sorolla. Fuente: Wikipedia
Durante el pasado año 2025 se conmemoró el 70 aniversario de la muerte de José Ortega y Gasset, uno de los intelectuales más importantes de la España contemporánea. Nació en Madrid en 1883 y falleció en la misma ciudad en 1955, después de cultivar tanto la filosofía como el periodismo, e incluso habiendo participado activamente en la política patria. Esto último, especialmente cuando fue diputado en las Cortes constituyentes de 1931, pero también al haber fundado en 1914 la Liga para la Educación Política Española o intentado, en vano, ser elegido diputado por el Partido Reformista durante los años diez o senador universitario en los veinte.
A Ortega le interesaba mucho la política, en el sentido clásico del término, que trasciende partidos o ideologías al reconocer, como Aristóteles, que el individuo no puede vivir aislado. Es lo que formuló con su famosa frase “yo soy yo y mi circunstancia”, refiriéndose a que nadie nace en lo abstracto, sino en un mundo concreto y real que determina, o al menos condiciona, su vida personal e intransferible. Él vivió una Europa convulsa, siendo adolescente cuando ocurrió el Desastre del 98, un intelectual reconocido al estallar la Gran Guerra de 1914, y un filósofo de renombre mundial al producirse la Guerra Civil de 1936. Todo ello marcó su existencia, entendiendo que España y Europa suponían un problema cuya solución radicaba en la ciencia. Una ciencia entendida en sentido amplio, que buscaba la integración de las personas en una sociedad unida por lo que llamó la “cultura del amor”, y alcanzable desde la pedagogía social.
Para lograrlo no recurrió solamente a la acción política, en la que fracasó, sino especialmente a la filosofía, desde la que brilló. Quiso reconciliar razón y vida, evitando tanto los excesos del racionalismo como los del vitalismo, y formuló así una Razón vital que después matizó como Razón histórica. Por eso, aunque su frase más conocida es la arriba mencionada, la que él más citó y mejor refleja su propuesta es la siguiente: “el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene historia”. Esto es, la vida es un proyecto -idea también aristotélica- tanto individual como colectivo. Un quehacer que, diría su discípulo Julián Marías, parte de una circunstancia que no se elige, porque es impuesta; pero que se resuelve desde una vocación que sí se escoge, pues es propuesta. A partir de aquí se entiende su liberalismo, con el que quiso, también en vano, regenerar España a través de una nacionalización que entendía como integración de sus miembros. Así es porque para Ortega la verdad es apocalíptica, pues si Apocalipsis significa “revelación”, es lo mismo que alethéia (“verdad”, en griego, “desvelar”). Es una revelación que se alcanza desde la integración de perspectivas, pues estas son visiones parciales, que no falsas, y por ello deben ser trascendidas en comunión con el prójimo.
El perspectivismo orteguiano es así fundamento tanto del liberalismo como de su idea de España y de Europa, pues la idea de Verdad que configura la Razón Histórica le llevó a huir del absolutismo identitario y del uniformismo ideológico. Fue por ello pionero en la propuesta de lo que, desde 1978, se ha llamado Estado de las Autonomías; y asimismo de los Estados Unidos de Europa. Por esto, se acepten o no sus propuestas, ciertamente matizables en muchos aspectos, es un autor al que hay que leer en 2026 para entender nuestra circunstancia, tanto la nacional como la supranacional.
ISSN 3020-1411
Burgos, España