Picaduras en trabajos de campo: un riesgo pequeño que puede convertirse en un gran problema
Criminología y Seguridad » Prevención de Riesgos Laborales
Trabajar al aire libre tiene muchas ventajas, pero también implica riesgos que no siempre se perciben con claridad. Cuando pensamos en la prevención de riesgos laborales en actividades de campo, solemos prestar atención al calor, las caídas, los desplazamientos, la exposición solar o el uso de herramientas. Sin embargo, hay un riesgo mucho más silencioso que conviene tomarse en serio: las picaduras de insectos y otros artrópodos, especialmente mosquitos, avispas y garrapatas.
Este tipo de riesgo afecta a muchas personas trabajadoras: personal investigador que realiza salidas de campo, profesionales del sector agrario, técnicos ambientales, agentes forestales, personal de mantenimiento de zonas verdes, equipos de topografía o trabajadores que desarrollan su actividad en espacios rurales y naturales. En todos estos casos, una picadura puede parecer una molestia sin importancia, pero en determinadas circunstancias puede provocar reacciones alérgicas, infecciones o incluso la transmisión de enfermedades.
Las garrapatas merecen una atención especial
Su presencia es frecuente en zonas con vegetación, pastos, áreas forestales y espacios donde hay fauna silvestre o ganado. Además, el aumento de las temperaturas y los cambios en los usos del suelo pueden favorecer que algunos vectores amplíen su distribución o estén activos durante más tiempo. Esto hace que la prevención deba actualizarse y adaptarse a una realidad ambiental cambiante.
La primera medida preventiva es sencilla: no considerar estas picaduras como algo inevitable. Si una actividad profesional se realiza en zonas donde existe exposición a insectos o garrapatas, este riesgo debe estar contemplado en la evaluación de riesgos laborales. No basta con confiar en la experiencia de quienes trabajan en campo. La empresa o institución debe valorar el tipo de entorno, la época del año, la duración de la actividad, la frecuencia de las salidas y la posible presencia de especies que puedan actuar como vectores.
Antes de iniciar una jornada de campo, es recomendable planificar bien la actividad. Conviene revisar la zona de trabajo, conocer si existen avisos sanitarios o ambientales, preparar un botiquín básico y comprobar si alguna persona del equipo tiene antecedentes de alergias relevantes. También resulta útil informar previamente al personal sobre cómo actuar ante una picadura y cuándo debe solicitar asistencia médica.
Durante el trabajo, la ropa puede convertirse en una barrera preventiva muy eficaz. Es aconsejable utilizar manga larga, pantalón largo, calcetines altos y calzado cerrado. Las prendas de colores claros ayudan a detectar antes la presencia de insectos o garrapatas. En zonas de mayor exposición, también puede ser conveniente usar repelentes autorizados, siempre siguiendo las indicaciones del fabricante. Otra medida sencilla consiste en evitar, cuando sea posible, el contacto directo con hierba alta, matorral denso o acumulaciones de vegetación.
Al terminar la jornada, la prevención no debe darse por finalizada. Es importante revisar la ropa, la mochila y el cuerpo, prestando especial atención a zonas como axilas, ingles, cuello, cintura, parte posterior de las rodillas y cuero cabelludo. En el caso de encontrar una garrapata adherida, debe retirarse correctamente, preferiblemente con pinzas adecuadas, evitando aplastarla o aplicar remedios improvisados. Después, conviene vigilar la zona de la picadura y consultar con personal sanitario si aparecen fiebre, malestar, inflamación intensa, erupciones o cualquier síntoma extraño.
La formación es clave
Muchas incidencias se agravan porque no se reconoce el riesgo, no se sabe retirar una garrapata o se normalizan síntomas que deberían vigilarse. Por eso, las personas que trabajan en campo deben recibir información práctica, clara y adaptada a su actividad real. No se trata de generar alarma, sino de fomentar una cultura preventiva útil.
Las picaduras de insectos y garrapatas son un buen ejemplo de cómo la prevención de riesgos laborales debe mirar también hacia el medio ambiente. El cambio climático, la transformación de los paisajes rurales y la intensificación de determinadas actividades al aire libre obligan a prestar más atención a estos riesgos biológicos. En prevención, los pequeños detalles importan. Una prenda adecuada, una revisión al final de la jornada o una actuación correcta ante una picadura pueden evitar problemas mucho mayores.
ISSN 2695-284X
Burgos, España